Para una mujer hecha de cantos
Son las 4:19 de la mañana. tratando de ahogar mi melncolía en un vaso de ron, surge tu imagen, el recuerdo, de tu tacto, para custodiar mis sueños. de mis dedos se desprenden unas línas con las que brindo antes de caer dormido.
1
Ante los embates de tu distancia sólo queda el recuerdo de tus ojos, en los que he aprendido a contar mi historia, en donde comienzo y recomienzo este aliento y este trazo. Regreso, ahora, de esa patria, de ese palpitar de relámpagos que son tus ojos… mientras, tú sigues distante…
2
De una oscuridad que conozco bien surge tu voz. Se acompaña de los compases que constituyen mi memoria, de los latidos que , como golondrinas, se escapan de mi garganta. Eres menuda y sobre las líneas de tu cuerpo se pasea una extraña ternura que logra deslumbrarme, sin que comprenda, del todo, por qué.
3
Un cansado diluvio de palomas cae sobre tus labios tratando de constituirse en besos. Tienes vocación de ave, mis miradas te crecen en los brazos como plumas y, sin darte cuenta, caminas despegándote, sólo un poco, del suelo.
4
Lo único que pido es que el sol de tu ocaso se derrame sobre mi boca. Mientras, la noche tatúa en los besos de alguien más los deseos que dicta mi piel. Con cada beso terminare recostado en tu memoria, hasta que vuelvas y tu tacto se reconcilie con el mío…